LA GRAN SEDUCCIÓN (Canadá, 2003).
Director: Jean-François POULIOT.
Guión: Ken SCOTT.
Música: Jean-Marie BENOÎT.
Fotografía: Allen SMITH.
Montaje: Dominique FORTIN.
Dirección artística: Normand SARRAZIN.
Vestuario: Louise GAGNÉ.
Reparto: Raymond BOUCHARD, David BOUTIN, Benoît BRIÈRE, Pierre COLLIN, Rita LAFONTAINE, Clémence DESROCHERS, Lucie LAURIER, Bruno BLANCHET, Marie-France LAMBERT, Donald PILON, Ken SCOTT.
Sinopsis: Estrategia que monta una pequeña población isleña de Canadá para que un médico se quede en el pueblo y así conseguir que una multinacional instale en la localidad una fábrica de plástico y dé trabajo a sus habitantes.
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Una agradable casualidad hizo que viera en casa esta película, que obtuvo el premio World Cinema 2004 en el Festival de Sundance. Se trata de una comedia costumbrista canadiense que pertenece a un subgénero: el de los contrastes culturales entre la ciudad y el pueblo.
La acción se centra en Sainte-Marie-La-Mauderne, una pequeña población que no llega a 150 habitantes, una aldea de irreductibles como la de Astérix pero en Canadá durante el siglo XXI. Esta cinta explica la vergüenza que siente una población condenada a la inactividad a causa de los planes del gobierno canadiense para reducir la producción pesquera, sintiéndose humillados por el subsidio que cobran y con el que casi les resulta imposible llegar a fin de mes. Quizás sea difícil entender en nuestro país que los habitantes de ese pueblo sientan vergüenza de vivir del paro y de los fondos de la seguridad social (¡hummm…..increible pero cierto!), pero ellos y su alcalde se unen para luchar contra las adversidades.
En la pequeña isla pesquera donde habitan, las cosas podrían mejorar si consiguen que una multinacional monte una fábrica de plástico y así poder vivir con dignidad. La historia se desarrolla alrededor de tres elementos indispensables para conseguir que dicha factoría sea erigida allí: un médico con residencia a tiempo completo (algo que no han tenido en mucho tiempo), dinero para iniciar el proyecto y ser al menos 250 habitantes. En ningún momento se indica que a la gente le preocupe lo más mínimo los efectos secundarios que esa fábrica traerá consigo con el paso del tiempo, contaminando su medio ambiente; a ellos lo que les importa es tener un puesto de trabajo y un sueldo para estabilizar sus vidas.
No es fácil conseguir que un galeno se quede mucho tiempo en su pequeño reducto, pero todos se ponen de acuerdo para conseguir atraer y seducir a un médico de la ciudad que tiene que ir durante un mes al pueblo, esa es LA GRAN SEDUCCIÓN. Sus esfuerzos recuerdan a algunas de las historias relatadas por Jordi RAICH en su libro “EL ESPEJISMO HUMANITARIO”.
Se nota que al director de la obra le gusta BERLANGA: junta a CALABUCH con BIENVENIDO MR.MARSHALL, le añade un toque francés y obtiene esta película (¡están locos estos canadienses!); además se puede hallar su relación con otras fuentes tan dispares como la serie DOCTOR EN ALASKA (protagonizada por Rob MORROW), la ficción de DOC HOLLYWOOD (dirigida por Michael CATON-JONES con el actor Michael J.FOX), FULL MONTY ( de Peter CATTANEO), EL INGLÉS QUE SUBIÓ UNA COLINA Y BAJÓ UNA MONTAÑA (hecha por Christopher MONGER), etc.
Los interiores de LA GRAN SEDUCCIÓN han sido rodados en Montreal, mientras que todos los exteriores son de Harrington Harbor, al norte de Quebec, con una fotografía soberbia y maravillosas panorámicas, que en ocasiones resaltan la comicidad visual de la acción, como la pesca de peces congelados.
Los personajes son tan brutos como tiernos, y me asombran sus interpretaciones; el guionista Ken SCOTT, tiene un papel en la película y resulta tan exquisito como Raymond BOUCHARD (el alcalde) o David BOUTIN (el médico), que pasa de parecer un personaje necio a un cordial incauto que no sospecha nada de lo que pasa en su entorno. Lo peor es que las mujeres de la historia tienen un papel demasiado secundario para mi gusto, pero aún así el guión, que llega a hacerse previsible, está lleno de frescura.
Quizás la resolución del problema resulte algo predecible, arreglándose las complicaciones en un santiamén, y ¡hala, todos tan contentos!, pero… es lo que tienen los cuentos ¿no?
María del Carmen Montero